
En cada oportunidad de intervenir en una reunión donde se tratan temas de negligencia emocional, me pregunto: ¿por qué hablamos tanto de mamás y tan poco de papás?, quizás ellas estén en la punta del iceberg como lo manifiesto, y en su base oculta se encuentren los papás y como no los vemos, no los nombramos.
Es probable que no hayamos reparado que para tener una mamá, necesitamos tener también un papá (hablando desde nuestra generación, en la futuras donde los avances de la tecnología están creciendo tanto, sabemos que algunos no existirán), continuando con el hilo conductor de mi primer pregunta ¿qué fue lo que hizo que nuestras mamás fueran en algún aspecto negligentes para que hoy las recordemos tanto? Tomando siempre la palabra negligente como sinónimo de desinterés, desidia, apatía, dejadez, desgano e indolencia.
Recuerdo y traigo aquí las palabras de Mariana Barrancos, autora del libro “Abuso Emocional: El enemigo invisible” y además traductora independiente con una extensa formación autodidacta en el campo de la salud mental, nos dice que “cuando uno de los padres maltrata psicológicamente a su cónyuge o a los hijos, y dicho cónyuge no protege la salud emocional de los niños (o la propia), entonces está cometiendo negligencia emocional”.
Muchas veces, en su dolor o en su incompetencia, las personas se vuelven egoístas con sus hijos y priorizan sus propias necesidades antes de priorizar las necesidades emocionales de los hijos. La función de los padres (padre y madre) es la de proteger y velar por la salud emocional de los hijos. Los hijos no piden venir al mundo, los adultos los traen, y esto implica un compromiso profundo de por vida.
Se comete negligencia emocional cada vez que se descuidan las necesidades emocionales de los hijos. También se comete negligencia emocional cuando se obliga a los hijos a mentir o a cubrir hechos inadecuados o delictivos. La negligencia emocional también es una forma de abuso, ya que también deteriora profundamente la autoestima y el sentido de valor personal de un niño.
En alguna medida todos hemos padecido algún tipo de negligencia de parte de nuestros padres, es importante pensar sobre este tema para no estereotiparla con nuestros propios hijos, porque a su vez ellos la repetirán con nuestros nietos.
Es probable que no hayamos reparado que para tener una mamá, necesitamos tener también un papá (hablando desde nuestra generación, en la futuras donde los avances de la tecnología están creciendo tanto, sabemos que algunos no existirán), continuando con el hilo conductor de mi primer pregunta ¿qué fue lo que hizo que nuestras mamás fueran en algún aspecto negligentes para que hoy las recordemos tanto? Tomando siempre la palabra negligente como sinónimo de desinterés, desidia, apatía, dejadez, desgano e indolencia.
Recuerdo y traigo aquí las palabras de Mariana Barrancos, autora del libro “Abuso Emocional: El enemigo invisible” y además traductora independiente con una extensa formación autodidacta en el campo de la salud mental, nos dice que “cuando uno de los padres maltrata psicológicamente a su cónyuge o a los hijos, y dicho cónyuge no protege la salud emocional de los niños (o la propia), entonces está cometiendo negligencia emocional”.
Muchas veces, en su dolor o en su incompetencia, las personas se vuelven egoístas con sus hijos y priorizan sus propias necesidades antes de priorizar las necesidades emocionales de los hijos. La función de los padres (padre y madre) es la de proteger y velar por la salud emocional de los hijos. Los hijos no piden venir al mundo, los adultos los traen, y esto implica un compromiso profundo de por vida.
Se comete negligencia emocional cada vez que se descuidan las necesidades emocionales de los hijos. También se comete negligencia emocional cuando se obliga a los hijos a mentir o a cubrir hechos inadecuados o delictivos. La negligencia emocional también es una forma de abuso, ya que también deteriora profundamente la autoestima y el sentido de valor personal de un niño.
En alguna medida todos hemos padecido algún tipo de negligencia de parte de nuestros padres, es importante pensar sobre este tema para no estereotiparla con nuestros propios hijos, porque a su vez ellos la repetirán con nuestros nietos.
