
Cómo hemos cambiado, en estos tiempos las mamás nos quejamos sobre la educación pública en nuestro país porque desconocemos como hacer para repararla.
Me gustaría recordar que en Argentina la mayoría de los maestros primarios son mujeres, hacia 1870 Nicolás Avellaneda escribía: "La experiencia ha demostrado efectivamente que la mujer es el mejor de los maestros, porque es más perseverante en la dedicación a la enseñanza, desde que no se le presentan como al hombre otras carreras para tentar su actividad o ambición y porque se halla, en fin, dotada de todas esas cualidades delicadas y comunicativas que la hacen apoderarse fácilmente de la inteligencia y de la atención de los niños”.
Estas palabras nos sitúan en el contexto en que vivían las mujeres, no tenían un abanico de posibilidades en cuanto a carreras para elegir y por otro lado eran muy pocas las que podían optar por estudiar, sus familias no tenían muy claro el para qué tenían que aprender, la actividad estaba estereotipada por su género y se reducía a formar una familia, tener hijos y atender a su esposo; así se pensaba en esa época.
Hoy afortunadamente podemos abarcar más actividades, las mujeres que elijen formar una familia, tener hijos y esposo pueden sumar su profesión, un voluntariado, manifestarse a través del arte, etc., integrando mucho más su sentir a lo que piensa y hace porque puede elegir ser un sujeto total.
Volviendo al tema principal, recuerdo cuando la educación pública servía para equilibrar, para integrar, para "redistribuir" y para producir un país más educado, con mejores posibilidades en todos los terrenos.
Habíamos aprendido que el antiguo concepto: “la gente no tiene necesidad de aprender”, era obsoleto y solamente beneficiaba a unos pocos, y persistimos en modificarlo hasta lograrlo, reduciendo la brecha de desigualdades.
¿Que nos pasó que no pudimos sostener un proyecto tan noble como este? pienso que nunca es tarde para recuperarlo y hacerlo funcionar, hoy creo que en vez de quejarnos deberíamos cooperar mucho más con las escuelas públicas, con las maestras, con las mamás de los compañeros de nuestros hijos, si logramos alcanzar una comunicación funcional entre todos nosotros, donde realmente lo importante sea el proyecto educacional en beneficio de todos los hombres y mujeres que en el futuro serán los que decidirán como quieren que sea su sociedad, esta sociedad donde vivirán nuestros hijos, nuestros nietos y sus descendientes con los que tenemos compromisos, por haber sido nosotras generadoras y responsables del linaje junto a sus papás.
Mamás, no nos quejemos, esto solo nos angustia, ahorremos esa energía para acercarnos a la escuela sin que nos llamen, ver que podemos ofrecer, de qué manera podemos cooperar con la maestra para que pueda enseñar a los niños con alegría y sin temor. Alguna de nosotras podremos ofrecer alguna hora semanal para asistirlos, otras un sábado o domingo al mes para ayudar a la restauración, limpieza y organización del edificio , las que puedan, aumentar voluntariamente el pago de la cooperadora para cubrir la carencia de las que no pueden pagar el mínimo estipulado mensualmente y así poder proveer los materiales e insumos necesarios que necesitan, otras son creativas por excelencia y podrían organizar ferias, eventos, almuerzos y meriendas en beneficio de todos. Y todas estar atentas y al servicio del cuidado del otro, con respeto y aceptación de lo diferente, esta es la única posibilidad de crecimiento.
Hay tantas actividades para realizar y tantas carencias por cubrir y solo con amor podemos levantar a la escuela pública y situarla en el lugar que se merece y nos merecemos.
Me gustaría recordar que en Argentina la mayoría de los maestros primarios son mujeres, hacia 1870 Nicolás Avellaneda escribía: "La experiencia ha demostrado efectivamente que la mujer es el mejor de los maestros, porque es más perseverante en la dedicación a la enseñanza, desde que no se le presentan como al hombre otras carreras para tentar su actividad o ambición y porque se halla, en fin, dotada de todas esas cualidades delicadas y comunicativas que la hacen apoderarse fácilmente de la inteligencia y de la atención de los niños”.
Estas palabras nos sitúan en el contexto en que vivían las mujeres, no tenían un abanico de posibilidades en cuanto a carreras para elegir y por otro lado eran muy pocas las que podían optar por estudiar, sus familias no tenían muy claro el para qué tenían que aprender, la actividad estaba estereotipada por su género y se reducía a formar una familia, tener hijos y atender a su esposo; así se pensaba en esa época.
Hoy afortunadamente podemos abarcar más actividades, las mujeres que elijen formar una familia, tener hijos y esposo pueden sumar su profesión, un voluntariado, manifestarse a través del arte, etc., integrando mucho más su sentir a lo que piensa y hace porque puede elegir ser un sujeto total.
Volviendo al tema principal, recuerdo cuando la educación pública servía para equilibrar, para integrar, para "redistribuir" y para producir un país más educado, con mejores posibilidades en todos los terrenos.
Habíamos aprendido que el antiguo concepto: “la gente no tiene necesidad de aprender”, era obsoleto y solamente beneficiaba a unos pocos, y persistimos en modificarlo hasta lograrlo, reduciendo la brecha de desigualdades.
¿Que nos pasó que no pudimos sostener un proyecto tan noble como este? pienso que nunca es tarde para recuperarlo y hacerlo funcionar, hoy creo que en vez de quejarnos deberíamos cooperar mucho más con las escuelas públicas, con las maestras, con las mamás de los compañeros de nuestros hijos, si logramos alcanzar una comunicación funcional entre todos nosotros, donde realmente lo importante sea el proyecto educacional en beneficio de todos los hombres y mujeres que en el futuro serán los que decidirán como quieren que sea su sociedad, esta sociedad donde vivirán nuestros hijos, nuestros nietos y sus descendientes con los que tenemos compromisos, por haber sido nosotras generadoras y responsables del linaje junto a sus papás.
Mamás, no nos quejemos, esto solo nos angustia, ahorremos esa energía para acercarnos a la escuela sin que nos llamen, ver que podemos ofrecer, de qué manera podemos cooperar con la maestra para que pueda enseñar a los niños con alegría y sin temor. Alguna de nosotras podremos ofrecer alguna hora semanal para asistirlos, otras un sábado o domingo al mes para ayudar a la restauración, limpieza y organización del edificio , las que puedan, aumentar voluntariamente el pago de la cooperadora para cubrir la carencia de las que no pueden pagar el mínimo estipulado mensualmente y así poder proveer los materiales e insumos necesarios que necesitan, otras son creativas por excelencia y podrían organizar ferias, eventos, almuerzos y meriendas en beneficio de todos. Y todas estar atentas y al servicio del cuidado del otro, con respeto y aceptación de lo diferente, esta es la única posibilidad de crecimiento.
Hay tantas actividades para realizar y tantas carencias por cubrir y solo con amor podemos levantar a la escuela pública y situarla en el lugar que se merece y nos merecemos.
Bibliografía:
Martín Caparros
Wiquipedia
Martín Caparros
Wiquipedia

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