
Al principio las murallas se construyen en la mente y luego se construyen con alambre y hormigón.
A mediados de los años 90 el Gobierno español levantó 8,2 km. de alambrada en Ceuta y 12 km. en Melilla.
Ceuta y Melilla blindaron su frontera. El gobierno atendió así la petición de Bruselas para controlar la entrada de marroquíes. Ceuta es una ciudad con 5.000 habitantes y otros miles viviendo en situación irregular, de éstos un porcentaje importante son menores. Diariamente son expulsadas alrededor de 200 personas por la policía, que los encuentran sobreviviendo en agujeros horadados en el monte, ellos esperan su oportunidad para atravesar el Estrecho en patera. Centenares de inmigrantes, todos ellos de origen marroquí han sido rechazados en la frontera de Tarajal, que separa Ceuta de Marruecos.
Tienen un sistema radiográfico de detención de personas, éste permite visualizar los caminos y el interior de los vehículos para descubrirlos.
El Dr. Joan Ignasi Soler (Médicos Sin Fronteras), nos dice que este es el producto del desigual reparto de la riqueza en el mundo, la falta de respuesta adecuada por parte de los países ricos a favor de los más desfavorecidos, unidos a un sinfín de conflictos bélicos cuya longevidad sí se debe al papel de las principales potencias mundiales, se traducen en enormes dificultades para la subsistencia de las poblaciones y en el consecuente deseo de emigrar hacia los países ricos en busca de oportunidades, trabajo y un futuro esperanzador.
Básicamente las rutas marítimas elegidas son tres: Estrecho de Gibraltar, Mar de Alborán y Atlántico Canario-Sahariano. Si bien las necesidades de las personas y sus razones para emigrar son las mismas, cada ruta presenta características particulares, así como respuestas administrativas diferentes que ponen de manifiesto la arbitrariedad con que se aplica la normativa en cada zona.
No me propongo detallar la precariedad con que se aborda la travesía, solo puedo decir que en el tiempo de espera para el embarque las condiciones de vida de esas personas son deplorables y como es lógico sufren un paulatino deterioro de su estado de salud hasta el día en que se les avisa de su próximo embarco para saltar a la otra orilla.
Sumado a la debilidad con que zarpan se debe agregar las largas horas nocturnas de navegación (entre 6 y 30), la mayoría son adultos jóvenes, aunque también los acompañan mujeres embarazadas y bebés. Una vez en tierra saben que si son detenidos serán repatriados y emprenden la huida hacia el monte, sabiendo que la única ayuda que podrán recibir es la de ciudadanos anónimos que no dudan en ofrecerles algo de comida, agua y ropa seca para que continúen.
Por supuesto, ante esta reacción de supervivencia de los seres humanos con menos o ninguna posibilidad de sobrevivir, los países más poderosos contradictoriamente responden de la manera más primitiva, con las ansiedades básicas que dominan al hombre sin esclarecimiento, estas se manifiestan con el temor irracional, podría decir que aparecen cuando emergen los primeros indicios de cambio con su consecuente proceso de interacción, a todo tipo de manipuleo o apropiación de lo real, a todo intento de respuesta coherente y significativa a las demandas de adaptación de la humanidad, y genera en ellos el miedo a la pérdida del equilibrio ya logrado y el miedo al ataque en la nueva situación, donde no se sienten adecuadamente instrumentados, estos temores coexisten y cooperan y van en aumento generando resistencias con altos grados de intensidad, lo que hace que estos sean intolerables, aquí es donde montan sus defensas sin medir las consecuencias que sufrirá la humanidad en su totalidad.
Afortunadamente, aún quedan personas interesadas y dedicadas a lo humano, y son ellas las que tienden esas manos para ir resolviendo los graves obstáculos que ocasionan la pobreza y la miseria, manos que sueñan esperanzadas derribar muros de concreto y alambre, aunque saben que paralelamente tendrán que derribar los muros mentales.
Tienen un sistema radiográfico de detención de personas, éste permite visualizar los caminos y el interior de los vehículos para descubrirlos.
El Dr. Joan Ignasi Soler (Médicos Sin Fronteras), nos dice que este es el producto del desigual reparto de la riqueza en el mundo, la falta de respuesta adecuada por parte de los países ricos a favor de los más desfavorecidos, unidos a un sinfín de conflictos bélicos cuya longevidad sí se debe al papel de las principales potencias mundiales, se traducen en enormes dificultades para la subsistencia de las poblaciones y en el consecuente deseo de emigrar hacia los países ricos en busca de oportunidades, trabajo y un futuro esperanzador.
Básicamente las rutas marítimas elegidas son tres: Estrecho de Gibraltar, Mar de Alborán y Atlántico Canario-Sahariano. Si bien las necesidades de las personas y sus razones para emigrar son las mismas, cada ruta presenta características particulares, así como respuestas administrativas diferentes que ponen de manifiesto la arbitrariedad con que se aplica la normativa en cada zona.
No me propongo detallar la precariedad con que se aborda la travesía, solo puedo decir que en el tiempo de espera para el embarque las condiciones de vida de esas personas son deplorables y como es lógico sufren un paulatino deterioro de su estado de salud hasta el día en que se les avisa de su próximo embarco para saltar a la otra orilla.
Sumado a la debilidad con que zarpan se debe agregar las largas horas nocturnas de navegación (entre 6 y 30), la mayoría son adultos jóvenes, aunque también los acompañan mujeres embarazadas y bebés. Una vez en tierra saben que si son detenidos serán repatriados y emprenden la huida hacia el monte, sabiendo que la única ayuda que podrán recibir es la de ciudadanos anónimos que no dudan en ofrecerles algo de comida, agua y ropa seca para que continúen.
Por supuesto, ante esta reacción de supervivencia de los seres humanos con menos o ninguna posibilidad de sobrevivir, los países más poderosos contradictoriamente responden de la manera más primitiva, con las ansiedades básicas que dominan al hombre sin esclarecimiento, estas se manifiestan con el temor irracional, podría decir que aparecen cuando emergen los primeros indicios de cambio con su consecuente proceso de interacción, a todo tipo de manipuleo o apropiación de lo real, a todo intento de respuesta coherente y significativa a las demandas de adaptación de la humanidad, y genera en ellos el miedo a la pérdida del equilibrio ya logrado y el miedo al ataque en la nueva situación, donde no se sienten adecuadamente instrumentados, estos temores coexisten y cooperan y van en aumento generando resistencias con altos grados de intensidad, lo que hace que estos sean intolerables, aquí es donde montan sus defensas sin medir las consecuencias que sufrirá la humanidad en su totalidad.
Afortunadamente, aún quedan personas interesadas y dedicadas a lo humano, y son ellas las que tienden esas manos para ir resolviendo los graves obstáculos que ocasionan la pobreza y la miseria, manos que sueñan esperanzadas derribar muros de concreto y alambre, aunque saben que paralelamente tendrán que derribar los muros mentales.

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