
En esta parte citaré al Dr. Eduardo Balbo, entendiendo que su definición sobre el concepto de la enfermedad mental en ciudadanos marroquíes esta validado por su práctica psiquiátrica, la que nos ha brindado conocimientos para acompañar a estas personas a una adaptación activa a la realidad, muchas veces dificultada por el idioma y demora en solicitar una primera consulta que solo se efectiviza cuando se produce lo somático.
El estudio de la enfermedad mental, además de las terapias tradicionales, necesita reflexionar sobre la conducta humana particular, situada en un contexto cultural y religioso, donde las creencias y las prácticas están en relación a un pensamiento mágico-religioso tradicional e histórico.
Una de las características de la patología mental en Marruecos es el delirio como presencia altamente sintomática y alimentado por la posesión y el hechizo. El problema radica entre creencia tradicional y experiencia subjetiva; este fenómeno puede ser comprendido culturalmente, ó, el delirio puede ser incomprensible, con falta de toda referencia cultural, entonces será visto como una locura y no como una posesión o un hechizo.
La locura en Marruecos esta concernida por una división: una normalidad de la patología o una anormalidad de la patología. Dos elementos intervienen en la separación: la incoherencia y la agitación. El trastorno mental se hace visible a través de lo somático y entonces así es manejable, cada parte corporal puede tener una connotación simbólica: un malestar de espalda, vago e inespecífico puede llegar a ser la expresión de un estado de tristeza.
Más que una pobre capacidad de intelectualizar todo lo relacionado con lo afectivo, la falta de palabras en la consulta revela más bien una actitud interactiva en la que ante el sanador popular, siempre primera preferencia de consulta, sin dar ninguna explicación de su dolencia, el paciente espera la interpretación del origen de su malestar.
La sociedad ha desarrollado un sistema de comprensión conforme a sus representaciones culturales tradicionales. La enfermedad mental no es un fenómeno individual que aísla, aliena, excluye o retrae al enfermo del grupo social. El enfermo no es responsable, es una víctima de instancias persecutorias; la enfermedad es comprendida por todos. La alteración se explica dentro de un sistema que todo el mundo comprende, comparte y en el que asume todos sus fundamentos y las consecuencias que de ello derivan.
En este punto es donde se tiene que tener en cuenta la praxis tomando el trabajo del Dr. Enrique Pichon Rivière, donde establece una fuerte vinculación entre adaptación activa y aprendizaje, definiendo a éste último como adaptación activa a la realidad. En efecto, "la adaptación activa a la realidad y el aprendizaje están indisolublemente ligados. El sujeto sano, en la medida en que aprehende el objeto y lo transforma, es decir, que hace ese aprendizaje operativo, se modifica también a sí mísmo entrando en un interjuego dialéctico con el mundo en el que la síntesis que resuelve una situación dialéctica se transforma en el punto inicial o tesis de una antinomia que deberá ser resuelta en ese continuo proceso en espiral".
El estudio de la enfermedad mental, además de las terapias tradicionales, necesita reflexionar sobre la conducta humana particular, situada en un contexto cultural y religioso, donde las creencias y las prácticas están en relación a un pensamiento mágico-religioso tradicional e histórico.
Una de las características de la patología mental en Marruecos es el delirio como presencia altamente sintomática y alimentado por la posesión y el hechizo. El problema radica entre creencia tradicional y experiencia subjetiva; este fenómeno puede ser comprendido culturalmente, ó, el delirio puede ser incomprensible, con falta de toda referencia cultural, entonces será visto como una locura y no como una posesión o un hechizo.
La locura en Marruecos esta concernida por una división: una normalidad de la patología o una anormalidad de la patología. Dos elementos intervienen en la separación: la incoherencia y la agitación. El trastorno mental se hace visible a través de lo somático y entonces así es manejable, cada parte corporal puede tener una connotación simbólica: un malestar de espalda, vago e inespecífico puede llegar a ser la expresión de un estado de tristeza.
Más que una pobre capacidad de intelectualizar todo lo relacionado con lo afectivo, la falta de palabras en la consulta revela más bien una actitud interactiva en la que ante el sanador popular, siempre primera preferencia de consulta, sin dar ninguna explicación de su dolencia, el paciente espera la interpretación del origen de su malestar.
La sociedad ha desarrollado un sistema de comprensión conforme a sus representaciones culturales tradicionales. La enfermedad mental no es un fenómeno individual que aísla, aliena, excluye o retrae al enfermo del grupo social. El enfermo no es responsable, es una víctima de instancias persecutorias; la enfermedad es comprendida por todos. La alteración se explica dentro de un sistema que todo el mundo comprende, comparte y en el que asume todos sus fundamentos y las consecuencias que de ello derivan.
En este punto es donde se tiene que tener en cuenta la praxis tomando el trabajo del Dr. Enrique Pichon Rivière, donde establece una fuerte vinculación entre adaptación activa y aprendizaje, definiendo a éste último como adaptación activa a la realidad. En efecto, "la adaptación activa a la realidad y el aprendizaje están indisolublemente ligados. El sujeto sano, en la medida en que aprehende el objeto y lo transforma, es decir, que hace ese aprendizaje operativo, se modifica también a sí mísmo entrando en un interjuego dialéctico con el mundo en el que la síntesis que resuelve una situación dialéctica se transforma en el punto inicial o tesis de una antinomia que deberá ser resuelta en ese continuo proceso en espiral".

No hay comentarios:
Publicar un comentario